Por el equipo de Inmuebles Rurales & Urbanos

 

Hay algo que no cierra en la lógica del arrendamiento rural argentino.

El productor incorpora tecnología, mejora el manejo, sube los rindes. Hace todo bien. Y cuando llega la renovación del contrato, el precio del alquiler sube.

La mejora que generó con su esfuerzo termina pagándosela al dueño de la tierra.


Cómo funciona la trampa

No es algo que pase de casualidad. Tiene una lógica propia.

Cuando un productor demuestra que puede sacarle más a un campo, ese campo se vuelve más valioso en el mercado de arrendamientos. El propietario lo sabe. Los vecinos lo saben. Y en la próxima negociación, ese mayor potencial productivo se traduce en un precio más alto por hectárea.

El resultado es que el productor asumió el riesgo, invirtió en tecnología y se capacitó. Pero la ganancia de largo plazo la captura el valor de la tierra, no él.


El incentivo que queda al revés

Esto genera algo preocupante: el sistema premia menos de lo que debería al que innova.

Si mejorar la productividad termina encareciendo el acceso a la tierra en la próxima campaña, el incentivo para invertir se debilita. ¿Para qué arriesgar capital en tecnología si el beneficio va a durar solo hasta que venza el contrato?

La mejora se vuelve transitoria. El esfuerzo del productor queda atrapado en un ciclo donde el valor que genera no se acumula en su patrimonio.


La paradoja del sector poco discute

En las charlas de campo, en los foros técnicos y en las reuniones de productores, se habla mucho de eficiencia, de tecnología, de rindes.

Pero poco se habla de quién se queda con el valor que genera esa eficiencia.

La paradoja está ahí, visible para cualquiera que analice la evolución del precio del arrendamiento en zonas donde la productividad mejoró sostenidamente en los últimos años.


La gran pregunta

¿Cómo puede el productor asegurarse de que el valor que genera con su trabajo y su inversión se quede en su bolsillo?

No hay una respuesta única. Pero el primer paso es nombrar el problema con claridad.

Contratos con cláusulas que protejan la inversión del productor, esquemas de arrendamiento que reconozcan las mejoras incorporadas, acceso a tierra propia como objetivo patrimonial de largo plazo. Son caminos posibles que merecen discutirse con más profundidad en el sector.


Para cerrar

Mejorar la productividad es necesario. Nadie discute eso.

Pero si el sistema está diseñado de manera que el valor generado por el productor termina siendo absorbido por el precio de acceso a la tierra, algo en las reglas del juego merece revisarse.

El productor que invierte, asume riesgos y se capacita debería poder capitalizar ese esfuerzo a largo plazo. No solo durante el plazo del contrato.

 

¿Estás evaluando opciones de arrendamiento o acceso a tierra propia en el norte de Santa Fe? Hablemos antes de que empiece la próxima campaña.
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